Coches y chicas

En aquella hermosa canción de estribillo pegadizo cantaba Paddy McAloon que algunas cosas duelen más que los coches y las chicas. Es una referencia sencilla en un escenario lleno de vehículos antiguos donde juego con Marta a contar la típica historia de la muchacha inocente llena de sueños que huye del campo con destino a una ciudad llena de peligros y oportunidades, lejos de unos rudos granjeros imaginarios que no saben apreciar la dulzura de su voz. Sube y baja de todo tipo de coches con su vestido rojo de lunares blancos, se pinta los labios, se ajusta la falda estrecha y corta en un ritual de imitación. En un cliché. Uno más, uno de tantos. Pero así es esta vida a pesar de todo. Hasta el día en el que dejamos de conducir.

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