© 2014 Txema Rodríguez

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Coda

- 1 abril, 2014

No esperes comprensión. Éste no es un oficio fácil de explicar. Te ofrecerán muchas versiones porque la verborrea se cría mejor que el talento y, ante la abundancia de curiosos, interesados y fascinados por la imagen, crecen los gurús con sus falsas pócimas sobre el cómo. Créeme, si hay que explicar una fotografía ya no merece la pena seguir el camino.

No esperes controlar la luz y el movimiento. Aquí manda la imagen, no tú. Si tienes suerte y estás preparado la vida ocurre a través de tus ojos. Tal vez si, tal vez no; pero tú nunca tienes el control, sólo la posibilidad de ser visto. De modo que relájate y observa cómo fluyen las nubes, cómo flotan las hojas sobre el agua, cómo reverbera la luz del sol. No te preocupes del disparo, simplemente deja que se presente ante ti y mira ese momento cara a cara.

No esperes hacerte rico ni famoso. Tus huesos serán polvo mientras tus imágenes habitan en viejos desvanes a la espera de un camión de mudanza. O de un milagro. Saber desaparecer es fundamental en este arte, llegar, flotar y ser aire, un flash silencioso, opaco, efímero. Algo así como una brisa.

No aprendas a hablar. El lenguaje es una limitación. No lo necesitas. Es solo un bla, bla, bla seguido por otro bla, bla, bla. Has de vivir en el silencio. Cierra los ojos y siente el movimiento, ábrelos y dispara. De pronto aparece un brillo, un equilibrio, una mirada. Algo cae y algo sube. Hay pasos al fondo, incienso, se oyen gritos, disparos, besos, patadas en unos cojones. Un tipo se estira la manga derecha del traje. Una mujer se alisa la falda. La cháchara sigue ahí pero la esquivas.

Resiste y ama. Este oficio es resistencia y amor. Y amor a la resistencia. Verás a muchos fotógrafos pésimos pasar por maestros, a delincuentes figurar como estrellas, a todo tipo de idiotas, narcisistas y frustrados dando lecciones de esto y de aquello. Aprenderás a detectar su presencia como un ratón la pisada de un gato. Sabrás dejarlos atrás, no nombrarlos, no hacer caso de sus egos y su arte de imitación barata. Y te mirarás en el espejo de aquellos que antes que tú entregaron su vida a la belleza sin otra pretensión.

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Sakura