© 2007 Txema Rodríguez

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Comas

- 12 mayo, 2007

Es probable que ver a los políticos solicitando apoyos ciudadanos sea uno de los espectáculos menos edificantes a disposición del público. Las campañas electorales son tremendas, siguiendo aquella opinión del viejo Adenauer, que lo tenía claro, como buen alemán, cuando decía que en la política lo importante no es tener razón sino que te la den. Y eso quieren, que se la demos. Para ello, cualquier argumento es válido, cualquier estrategia sirve. Convivimos con polos paradójicos, tenemos que cerrar un colegio porque está infestado de pulgas y el mismo día nos anuncian que tendremos un gran premio de Fórmula 1. Convivimos con promesas notariales y con actuaciones de mala nota. En esta ciudad les da ahora por firmar papeles mojados. Como si dentro de un tiempo alguien fuera a denunciar a un alcalde por incumplimiento de contrato.

Resulta gracioso. Nadie se conforma con lo normal. Vivimos en un lugar caótico, urbanizado con las orejas, sin dotaciones, con un transporte público que da risa, una sanidad en crisis, una administración podrida por el clientelismo y no nos prometen que esto va a terminar. No, nos dicen que esto va a ser la leche, la gran ciudad, el gran “referente” (odio la palabra referente). Resulta sorprendente. Todo suena cada vez más pueblerino, más acomplejado, más triste y más impermeable a las críticas. Esto es una cuestión de fe. O tragas o mueres.

Hablan de ilusión. Qué cosas. Y de eso de sentirse orgulloso de ser de un lugar concreto. Vaya argumentos. No saben ni hacer anuncios, ni poner una coma. Por ejemplo, piden el voto para Alberto Alcalde, que no se presenta en ninguna lista y lo mismo gana, todo es posible con estos excesos de confianza en los que lo posible se da por supuesto y el futuro por presente. Dicen “Calles, si”. En el polo opuesto. Uno oculta el apellido (razones hay) y otro lo presenta en sociedad porque juanmas hay muchos y a ti te encontré…pero, claro, las calles son necesarias. No se podría promover un “Fabra, alcalde” (jugando a enredar) o un “Calles, no” (prometiendo grandes avenidas).

Y quieren que les demos la razón. No lo olviden.

Y eso sería todo; saludos cordiales.

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