© 2015 Txema Rodríguez

Blanco y negro / Blog

Contagio

- 13 enero, 2015

Supongamos un cielo colapsado por neutrones, surcado de agentes nerviosos, compuestos orgánicos de fósforo, una lluvia de ántrax, una cortina de cloro. Un apocalipsis silencioso, leve, con cuerpos cayendo sin causa aparente. Una despedida sin sangre ni sonido, solo rota por la llegada de humanos enmascarados, a salvo de virus, bacterias y toxinas. Seres de paso lento, cargados de aparatos luminosos. Tal vez el fin sea de este modo, con este aspecto tan familiar a nuestros ojos. Resulta paradójico, dado que no llegaríamos a conocer nunca estos rostros ocultos tras el sofisticado uniforme. Ellos son los últimos habitantes, encargados de limpiar y dejar una marca sobre nuestra vida contaminada. Una banderita con un símbolo sobre fondo amarillo.

001

0002

0003

 

0005

0006

0007

0008

0009

00010

Next Post:

Mi querido amigo