© 2005 Txema Rodríguez

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Contexto

- 19 diciembre, 2005

El tío se preocupaba por todo. Tío en sentido general, no hermano de padre o madre. Un tío sin más. Se pasaba los días esperando en un banco, ataviado con zapatos blancos y vestimenta de tonos tropicales. Andaría por los setenta y era feo desde el mismo momento de la concepción. Ya fue un espermatozoide poco agraciado, para entendernos. Y el óvulo tampoco era top model, en serio. Pero el tío esperaba cada día, haciendo ver que leía un diario en inglés como si supiera. Y así hasta que un infarto le dejó seco y apoyado en el banco con naturalidad, lo mismo parecía que era cadáver mientras vivía y a nadie extrañó que semejara vivo tras su muerte. Fue al día siguiente cuando ella se sentó a su lado a darle algo a las palomas, cuando se acercó a mirarle de cerca porque el tío, en sentido general, no pestañeaba, cuando el turista que pasaba tomó una instantánea, cuando parecía que le susurraba algo al oído. Y pareció, vista la fotografía, que había encontrado el amor de una jovencita. Sólo eso. En el hogar del fotógrafo se comentó mucho el asunto. Y pensaron que allí las jóvenes no tenían prejuicios y los viejos iban muy elegantes a los parques a buscar queridas.

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