© 2012 Txema Rodríguez

Blanco y negro / Lugares

Cuando me preguntan si me acuerdo de alguien

- 5 enero, 2012

El paisaje de mi infancia

El paisaje de mi infancia

Cuando me preguntan si me acuerdo de alguien sé que ese alguien ya no está. Es ese pequeño ritual, apenas un eufemismo, para informar de una nueva baja en las mermadas filas de viejos de mi barrio, aquellos que eran padres jóvenes de mis vecinos, y a veces amigos, y ahora visitan la farmacia y el ambulatorio con periodicidad suiza. Como durante años frecuentaron bares y turgurios de todo tipo. Ahora, en el local del chino Juan (que ya tiene otro establecimiento y un audi muy lustroso) suena Bon Jovi sobre el fondo de dos telediarios simultáneos de diferentes cadenas. Vamos a empezar la partida en nuestro rincón de siempre de este bar. Creo que los hemos probado todos en más de cuarenta años.

Las primeras veces que acompañé a mi padre a echar la partida sonaban en aquel chisme que, si no recuerdo mal, se llamaba Sinfonola las canciones de los Chichos, Camilo Sesto o Abba. La oferta era variada y colorida. Yo era un niño entre otros niños, carne de bar, fumadores precoces, bebedores de todo lo que estuviera prohibido y adictos a cualquier máquina luminosa para la que le sacábamos la pasta al viejo que estuviera de racha con las cartas y quisiera celebrar su fortuna. Ahora me doy cuenta de que todos los bares son uno, viendo esas persianas bajadas, esos letreros que han soportado decenas de nombres bajo el patrocinio de una u otra marca de cerveza. Se han ido viejos y chavales por igual por las más variopintas razones, desde aquel día de marzo en el que se fue la alegría y entramos en la historia. Casi nadie se acuerda de aquellas jornadas terribles en este paisaje por el que ya no se ven obreros camino de las fábricas. Donde hace poco se fundía el hierro se asienta ahora un centro comercial, el patio del colegio se ha convertido en un aparcamiento y el cementerio en un escenario idóneo para que pálidas muchachas vestidas de negro se hagan un par de fotos presuntamente graciosas para el Facebook.

Cuando me preguntan si me acuerdo de alguien es que ha muerto. Y me lo describen sin mucho detalle, con los rasgos más simples (gordo, flaco…) hasta que asiento y se quedan tranquilos mientras reparten las cartas para los que estamos. Los que se fueron se fueron. Y han sido cientos durante tantos años, ya hemos perdido la cuenta en este barrio que antes limitaba al norte con monstruos de chimeneas humeantes y al este con el cementario de las familias bien, a los de aquí les dan sepultura en el camposanto nuevo, funcional y feo, de las afueras de la ciudad mientras los cadáveres pudientes duermen a escasos metros de nuestras casas. Siempre fue visto, consolarse es barato, como una garantía de tranquilidad.

De modo que en estos días pasados, sin otra pretensión que la de registrar una tarde de un día de estas vidas que se acercan al fin, me llevé la cámara al bar de Juan (o como sea que se llame el chino) pasando por el cementerio y la iglesia. Porque la proxima vez que vuelva a Vitoria me preguntarán si me acuerdo de alguien y me arrpentiré de no haber guardado algo de su dura vida que ahora se para, más a o menos sobre las tres y media, con la partida a la que me dejan sentarme. Lo que a mi entender es uno de los más altos honores.

Antonio

Antonio, mi padre, albañil jubilado


Las vistas desde la ventana

Las vistas desde la ventana


Un ilustre vitoriano

Un ilustre vitoriano


Sol y lluvia sobre las tumbas

Sol y lluvia sobre las tumbas


Atardecer entre los cipreses

Atardecer entre los cipreses


El Rioja

El Rioja perdió a su mujer no hace mucho. Anda un poco jodido desde entonces. Es el típico que siempre está a punto de ganar la partida y la pierde en el último momento.


El ritual

El ritual


Angelillo

Angelillo


Justo

Justo


Vicent

Vicent


Cartas

Cartas


El dedo mágico

Pruden perdió el corazón en el taller, desde entonces el muñón es uno de los temas favoritos de conversación cuando le toca repartir cartas o en las escasas ocasiones que una mujer entra en el bar. La suya lleva dos años ingresada en un hospital y él se pasa casi todo el día allí.


Afeitado

El Pequeñín, a la izquierda, viudo desde hace siete años y todavía enamorado, bromea con una navaja sobre la largura del pelo de Justo.


Rostros del pasado

Rostros del pasado, junto a la puerta de la parroquia de San Francisco de Asís.


El último sol

El último sol

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3 responses

  1. armand dice:

    Muy intensas las fotos, muy escuchadas y vividas, Txema. Enhorabuena amic!

  2. Txema dice:

    Muchas gracias, Armand. Respeto mucho tu opinión.

  3. Armand dice:

    Txema, ahora veo tu contestacion.
    Tal y como hablamos, a ver si nos podemos ver un dia de estos y tomamos un cafe. Somos vecinos. Mandame por correo elctronico tu teléfono y te llamo uno de estos dias. Un abrazo. A.

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