El espectador

Renunciar a todo, incluso al papel de espectador.
Emil Cioran

Un grupo de simpáticos turistas toman fotografías de forma compulsiva a una niña vestida de fallera, el pasado día 20 de marzo, en el centro de Valencia
Un grupo de simpáticos turistas toman fotografías de forma compulsiva a una niña vestida de fallera, el pasado día 20 de marzo, en el centro de Valencia

Sigo dándole vueltas a esta inquietud. Ya escribí algo al respecto hace un tiempo sobre el síndrome de posesión desplazada o la compulsión fotográfica que afecta, de modo universal y parece que irreversible, a los seres humanos. Como fotógrafo me resulta inquietante. Y como ser humano. Ver cómo la cámara se ha transformado en una barrera para afrontar lo real y, del mismo modo, en un instrumento eficaz para el exhibicionismo. Me pregunto a dónde nos llevará esta circunstancia. Una vertiente, la misma que en la foto que ilustra este artículo, es la del turismo en su visión más mordaz, similar al episodio Oso Blanco, de la serie Black Mirror (recomendable toda ella). Otra tiene que ver con la exposición de nuestra vida e intimidad al resto del mundo, con toda nuestra historia almacenada en ordenadores remotos a los que sólo tienen acceso corporaciones cuyos fines desconocemos. Se puede ver también Ahora mismo vuelvo, de la misma serie.

Y anoto algunas ideas para volver a ellas en un futuro no muy lejano, como cápsulas depositadas en un almacén imaginario, en un lugar cuyo emplazamiento sólo yo conozco. Certezas que han de madurar con la distancia, a las que he de volver con la sensación de volver a la tierra a la que se pertenece.

En este contexto me planteo la renuncia a la fotografía como el acto fotográfico por excelencia. Pensé en ello con esta imagen que sigue:

La banderilla, feria de Fallas 2013
La banderilla, feria de Fallas 2013

Me pareció que, desde mi punto de vista, eso es una corrida de toros. Pero nadie la va a querer para ilustrar el tema porque escapa de la visión tópica del turista (también la del fotógrafo profesional, convertido ahora en forjador de los iconos previsibles que consumen las agencias y los medios).

Aunque resulta obvio que no puedo renunciar, dado que eso iría en contra de mi naturaleza. Sería mi muerte y no en sentido metafórico. Luego he de convivir con esta orgía de cámaras y redes sociales, nadar en este río de identidades expuestas, fluir en esta corriente loca. E intentar ser visto como fotógrafo por encima del fotógrafo que en estos momentos cada ser humano considera ser de forma sencilla e inocua.

En este contexto asistimos a algo nuevo. Tal vez no sea negativo (al menos no del todo). Habrá un porcentaje de seres humanos a los que la ceguera de la abundancia conduzca a la pobreza de la visión. Siempre existe quién en la noche se pregunta por la luz.

Repaso los rostros de los turistas que fotografían a la niña. Y busco un par de imágenes (las que siguen) tomadas a escasos metros del lugar en el que ellos se apropian de la cría en su afán por cazar recuerdos sobre los que luego reconstruir algo que en realidad no se ha vivido. Me doy cuenta de que estoy frente a ellos, en otro lugar, en el opuesto. Tal vez esa sea la cuestión: la perspectiva.

El desalojo
El desalojo

Hombre que pide junto a un centro comercial
Hombre que pide junto a un centro comercial

No puedo renunciar a mi papel. Pensar es andar tras una pregunta, como dijo mi poeta.

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2 comentarios en “El espectador

  1. Siempre que publica algo en Facebook veo sus fotografias y leo sus reflexiones y pensamientos pero, por favor, dígame si no es molestia para Vd…estos grupos de letras consonantes si tienen algun significado.Gracias

Los comentarios están cerrados.