© 2010 Txema Rodríguez

Reportajes

El fin de la intimidad o algo parecido

- 19 septiembre, 2010

Es un asunto sobre el que no se habla mucho. Al menos no de manera especial, no de un modo adecuado a su importancia. La popularización de la fotografía que todos conocemos ha llevado a cada bolsillo una cámara más o menos grande o sofisticada, junto a un teléfono o separada de él, que permite a millones de personas tomar una instantánea en cualquier lugar o bajo cualquier pretexto. Me pregunto qué significa eso, qué importancia tiene, dado que tengo por cierto como fotógrafo que retratar a otro ser humano es un acto de intimidad y no deja de asombrarme el exhibicionismo con que las personas que me rodean disparan y disparan unas sobre otras sin mostrar reparos aparentes. Doy por hecho que, a un nivel profundo, no saben qué están haciendo. Aunque eso tampoco resulta tranquilizante.

Los japoneses tienen una razón para acumular fetiches fotográficos: la falta de espacio. En sus pequeños apartamentos apenas caben ellos de manera que todo lo demás ha de ser documentado de forma detallada y almacenado en un soporte pequeño y fácil de mover. Los demás no tenemos esa excusa ni somos los líderes mundiales en la fabricación de cámaras. ¿Qué hacen millones de personas a cada segundo inmortalizando poses ante monumentos, fiestas, paseos, rostros de amigos y desconocidos?.

Creo que es algo que podríamos llamar síndrome de posesión desplazada y consiste en tomar fotos de lo que no se puede poseer, de aquello con lo que no podemos establecer una relación, de modo que la imagen se convierte en un fetiche, un símbolo que remplaza lo real, un mapa detallado de cada fracaso, un preciso organigrama de vidas que se cruzan y se invaden sin pudor y sin profundidad. Miles de millones imágenes almacenadas en discos duros que prueban que estuvimos en tal o cual lugar con tales o cuales personas pero que no significan nada porque fueron reemplazadas, apenas otros segundos después por otras y otras en una especia de ficción irreal en la que documentamos con el objetivo nuestras no-vidas.

Espectadoras en un concierto de Chayanne. Valencia. 15/09/2010. Fotografía de Jesús Signes. Las Provincias.

Espectadoras en un concierto de Chayanne. Valencia. 15/09/2010. Fotografía de Jesús Signes. Las Provincias.

Esta imagen (me parece una gran fotografía) captada por mi compañero Jesús Signes hace unos días me hizo darle vueltas al asunto y volver mis pasos hacia Susan Sontag en busca de respuestas. No las encuentro, al menos no en el sentido exacto de mis inquietudes. Pero me inquietan sus palabras cuando afirma que las fotografías no solo sirven para cerificar la realidad sino para rechazarla “cuando se confina a la búsqueda de lo fotogénico, cuando se convierte la experiencia en una imagen, un recuerdo. El viaje se transforma en una estrategia para acumular fotos. La propia actividad fotográfica es tranquilizadora, y mitiga esa desorientación general que se suele agudizar con los viajes. La mayoría de los turistas se sienten obligados a poner la cámara entre ellos y toda cosa destacable que les sale al paso. Al no saber cómo reaccionar, hacen una foto.”

Presiento que algo anormal ocurre, aunque no hallo la forma de expresarlo. Resulta paradójico. Una de las formas más precisas de conocer a un ser humano consiste en tomarle un retrato y eso se ha transformado en un modo de pasar por su superficie, para guardarlo como un souvenir sin valor que acabará en la basura en la próxima mudanza.

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Artifice

26 responses

  1. Julio Mateos dice:

    Siempre se ha dicho que una fotografía sirve “para robar el alma”. Por eso muchas culturas no quieren que se les fotografíe.
    No sé si realmente nos estamos volviendo “acaparadores”, pero realmente con la fotografía nos llevamos un trocito de lo que retratamos.
    Supongo que parte del problema lo ha traído lo digital. Antes te ibas de viaje (no profesional) con 3/4 carretes. Y seleccionabas mucho lo que hacías.
    Ahora parece que en vez de cámara de fotos llevamos una cámara de vídeo. Tomamos una imagen del 1000 formas diferentes y luego no somos capaces de desechar una toma que apenas varía unos pocos grados de inclinación frente a la anterior.
    Y hacer fotos a la gente … ¿para qué pedir permiso? Hoy no se pide permiso para nada.

  2. Txema Rodríguez dice:

    Si. Es curioso. Ahora la gente ve una cámara y se vuelven locos por salir.
    A eso se ha añadido una “perversión” que como profesional he comprobado a menudo…la de aquellos que esperan que se les pague algo si van a aparecer en el periódico, supongo que un daño colateral de los programas del corazón.

  3. Paco dice:

    Pienso qué cuando la gente hace-hacemos una fotografía es para guardar algo que forma parte de nuestra vida. Como la mayoría de las cosas que nos suceden, la mayoría quedarán en el olvido. Las fotos funcionan igual que nuestra memoria, lo que pasa que a la memoria no podemos obligarle a estar ahí, en cambio a las fotos sí.
    De todas formas, como el fin de estas fotos no es la fotografía en si, sino el recuerdo o el compartir al momento esas imágenes con otra gente, cada vez se hace más vídeo y menos foto.

    Estoy completamente de acuerdo en que los programas del corazón, o tele basura, le están haciendo muchísimo daño al comportamiento medianamente civilizado que antes se tenía. Porque ya son generaciones las que han crecido viendo eso a diario, y nos guste o no, la tele educa.

    Saludos

  4. Pero a un nivel más profesional no creo que sea muy distinto. Cuando cubro un acto oficial, por ejemplo, la desorientación es tal, que no dejo de fotografiar en ningún momento. Y suelo autolimitarme, jamás lazo ráfagas, por ejemplo. Pero hay compañeros que no sueltan el disparador en ningún momento.

    Y no es por que en el acto en cuestión esté ocurriendo algo destacable constantemente!

    Me quedo con lo de que al no saber reaccioanr, hacen(mos) una foto.
    Totalmente de acuerdo, es casi una respuesta instintiva y superficial a algo que no podemos digerir mentalmente, en este caso supongo que por falta de tiempo y por la presión de tener que documentar a cambio de dinero.

    Pero un turista también tiene esa presión, la de el por qué se ha gastado un dinero en un viaje. La foto es la justificación de ese viaje.

    Digo yo, que tampoco lo tengo claro…

  5. Pablo V. dice:

    Pero hacer un retrato es un acto meditado. Requiere una intención y una cierta reflexión, aunque sea implícita.
    Las fotos-basura, como podríamos llamarlas, me parecen una expresión más de la falta de tiempo para pensar que padecemos. La fotografía (como la comunicación) ha perdido parte de su sacralidad al ser fácil y barata, pero también la necesidad de reflexión y relevancia.
    Resulta paradójico porque es empobrecedor a través de la abundancia. Pero, por otra parte, nos fuerza a desarrollar un criterio más firme a la hora de clasificar lo que vemos. Necesitamos ser capaces de llamar malo o pobre a lo malo o pobre o simplemente quedaremos paralizados.
    Gracias por compartir tu reflexión.

  6. Pedro Campos dice:

    Txema, me has hecho pensar. Por qué será lo de la barra espaciadora del Mac?

  7. almudena dice:

    De alguna forma, sacar fotos como recuerdos es una forma de intentar novelar nuestra vida: convertirla en una historia “hacia afuera” visible y leíble “por otros”.
    Para mí resulta extraño que en ese proceso, dejemos de ser protagonistas de nuestra historia para convertirnos también en lectores, observadores externos de lo que “nos está pasando”.
    Lo más triste, desde mi punto de vista es que además se haya establecido un cliché tan rotundo sobre lo que es “narrable” y lo que no. Lo que debe interesarnos porque además interesará a otros, (lo podremos contar y mostrar en nuestras mil fotos) y lo que no. La gente documenta que ha visto la torre Eiffel, ya que ese acontecimiento se considera socialmente interesante. Lo que no alcanza esta consideración no es narrado, ni fotografiado, ni apreciado. Llega un momento en que es caso obligatorio sacar ciertas fotografías en ciertos momentos. (Personalmente me agobia la hiperabundancia de fotos en toda boda que se precie: es ridículo)

  8. Txema Rodríguez dice:

    Olmo, creo que lo que cuentas tiene más que ver con una obsesión que no necesariamente es del fotógrafo sino con el miedo, en el caso de los fotoperiodistas, de llegar a la redacción y no tener la instantánea que alguien con el culo pegado a un silla ha visto por arte de magia. Ese clásico ¿y no hay una en la que salga menganito con fulanita?

    Y aprovecho para daros las gracias a todos y añadir un detalle que olvidé mencionar antes. Se produce cuando el mundo profesional y el amateur se cruzan, algo habitual en los sucesos. Cuando llegas a cubrir la noticia te encuentras con un montón de personas que pasaban por allí y toman instantáneas del accidente con sus cámaras o con sus móviles (incluso los policías lo hacen!) pero sólo identifican que se “está tomando una foto” cuando ven una cámara grande.

    P.D. Pedro, el teclado se enganchó por cualpa de una cáscara de pipa. Pero ya pasó a mejor vida 🙂

  9. Julio César González dice:

    Podría ser como fumar. Algunos pitis son por estar haciendo algo mientras sucede otra cosa.

  10. CarlosJNavarro dice:

    Enhorabuena por el post, me parece una reflexión muy interesante 🙂

    Encantado.

    1. Txema Rodríguez dice:

      Muchas gracias, Carlos.

    1. Txema Rodríguez dice:

      Gracias.

  11. Joseba dice:

    Para mi esto de que cada uno hoy en día lleva una cámara encima se a convertido en algo parecido a un tipo de AUTO Gran Hermano donde cada uno se va fotografiando, filmando todo lo que hace a todas horas, incluyendo a los que están con el.
    Da la impresión que si el momento no esta fotografiado o filmado no a sido vivido, una pena.
    Gracias por la reflexión.

  12. Edgardo dice:

    Hola,

    Antes que nada, gracias por la reflexión.

    Últimamente sólo intentaba hacer y me interesaba por ver, coleccionar fotos de cosas o sucesos que tenga mucha importancia o que sean no sé… extraordinarios, aunque suene un poco cursi un ejemplo de eso sería para mí fotografiar la aurora boreal.
    Llegue a esta conclusión porque no paraba de ver fotos que no me decían nada por todos lados, ojo, no las cuestiono, igual soy yo que no entiendo.
    Hoy en día hay tanta sobre carga de información que cualquier foto que yo pueda hacer de la aurora boreal me va a parecer vacía, y ya casi no haga fotos, y leer el artículo de Txema me ha dado mucho que pensar.

    Me he quedado de piedra al leer el comentario de Olmo cuando dice que tiene compañeros que no quitan el dedo del disparador.
    También estoy de acuerdo con Joseba en que esto es una especie de gran hermano.

    Con la música creo que se puede hacer una analogía, la gente lleva gigas y gigas de música en un reproductor de mp3 minúsculo, comprimido a una calidad malísima para poder así meter más y más, música que quizás no merece llamarse música, pero bueno, para gustos…
    También creo que con la música pasa algo de que al no saber reaccionar se pone música de fondo, la que sea, da igual.

    Perdonar la chapa, pero es que de un tiempo hacía aquí no entiendo nada, y cada vez más siento que en círculos o ambientes que antes estaban cómo más protegidos contra estas cosas ya no pasa eso, no me entra en la cabeza que los músicos de una sinfónica se pongan a hablar de doctor mateo o de rafa nadal o cosas así, lamentablemente lo veo a diario, igual es soy yo el raro.
    Además es irónico porque creo que comentando y participando en esto me traiciono a mi mismo.
    En fin, no entiendo nada, perdonar la chapa otra vez.

    Saludos.

  13. Esto quizás tenga más que ver con los comentarios que con el post, pero sirve apra abrir las ideas preconcebidas sobre la fotografía:

    http://www.guardian.co.uk/artanddesign/2010/sep/19/alec-carmen-soth-brighton-biennial

    Viene a contar la experiencia de Alec Soth en Reino Unido, donde le han prohibido fotografíar durante un año por problemas con su visado. Como solución, le pasó su cámara a su hija de 7 años. De ella son las fotos de una futura expo comisariada por Martin Parr. Recomiendo su lectura.
    Saludos!

  14. Carmela dice:

    Sin entrar en opinar sobre la fotografía profesional, que es un mundo que no conozco, y estando completamente de acuerdo con lo dañino que es la telebasura, y admitiendo que algunos turistas puedan hacer fotos como justificación del gasto del viaje, o mas bien creo yo, como una manera de autobombo ante los demás, a su vuelta al día a día, creo que nunca hay que perder de vista la maravilla de la fotografía. La posibilidad de recoger algo maravilloso, algo que siempre podremos tener y volver a ello, un momento, un lugar, una imagen, una mirada, una sensación, un recuerdo, un amigo.
    No pienso que nos llevemos un trozo de lo que retratamos, creo que mas bien, creamos y conservamos un recuerdo.
    Me gusta la fotografía y me gusta tu artículo, da que pensar y hace reflexionar sobre el tema.
    Saludos.

  15. Sr calavera dice:

    Txema, centremonos mas en la fascinacion y no en nuestras no vidas, la fascinacion como arma del individuo para mostrar lo que hizo donde estuvo y lo que quiza nosotros no hacemos, si bien claro la foto certifica la realidad y la rechaza es un arma bastante fuerte que alimenta el ego de todo aquel que tiene una camara en mano.

  16. toriano72 dice:

    Bueno al final nada ha quedado claro,., se puede o no hacer fotos a doquier y por doquier, donde empieza la prohibicion y donde la permision. THomas.

  17. Mangaga dice:

    Es muy interesante crear debates sobre la fotografía en la actualidad. Tengo 52 años y soy “simplemente” un fotógrafo aficionado, no soy todo un “profesional”. Desde hace más de 30 años oprimo el disparador de una cámara. Tengo varias decenas de miles de fotos, tanto en papel como en diapositivas, y, lógicamente, en ficheros digitales. Pero una cosa tengo claro: son mis recuerdos. No realizo fotografías ni para ganarme unos cuartos con ellas ni para enseñarlas a todo bicho viviente, que, en el 99’99 por ciento de las ocasiones, para nada le interesan. Es la forma que tengo de poder atrapar sensaciones, momentos vividos, experiencias, etc., que, al contemplarlas de nuevo, de alguna forma, me permiten volver a sentir algo de lo que, en el momento de captar la instantánea, estaba sintiendo.
    Indudablemente, si observamos las fotografías captadas por otras personas, que no tengan una función de transmitir un mensaje específico (llámese publicitario, periodístico, etc.) en la mayoría de las ocasiones no nos transmiten ningún sentimiento, pero a su autor es diferente. Lo anterior sin tener en cuenta el aspecto técnico de la realización: composición, exposición, nitidez, etc.
    Si la fotografía digital tiene algo de extremadamente positivo, es su democratización: todo el mundo puede realizar cientos, miles, de fotografías, sin que le cueste una gorda. Antes, solo los “profesionales” podían permitirse el lujo de tirar varias decenas de carretes, para poder elegir la “foto”. Del mismo modo, antes los “profesionales” fotográficos eran casi los únicos que podían disponer de cámaras de alto nivel. En la actualidad, abundan auténticos pepinos de cámaras en manos de cualquier hijo de vecino que no se gana los cuartos con este tema de la fotografía.
    En nuestro siglo XXI tenemos una cierta necesidad imperiosa de comunicar. Y si existe un medio poderoso ese es la imagen, sea estática o en movimiento.
    Sería bastante más extenso de discutir si conseguir una imagen alimenta el ego del que tiene un objeto con el cual poder captarla. En nuestros días tenemos auténtica obsesión en buscar los por qué y los motivos más escondidos que nos mueven a realizar cualquiera de nuestros actos. A lo mejor, la vida es mucho más sencilla. Hacemos tal o cual acto simplemente porque nos apetece.
    Perdonad por el rollo.

  18. Alberto dice:

    Lo curioso de todo esto, es que tienes razón. Vivimos en un mundo de Twitter, Facebook, foursquare… difundimos en directo nuestras vidas, pero sin embargo, a mí, cada día me da más reparos hacer fotografía documental. La gente te mira mal si te ve con una cámara en la mano y no digo ya si se te ocurre fotografiarles…

    Será que cada día tenemos menos y al final nuestra única posesión cierta es nuestra propia vida…

  19. María dice:

    Sé que este es un texto antiguo, pero he dado con él y no puedo evitar comentarlo. Estoy de acuerdo en que ahora se tiran fotos “como churros”, pero no sé hasta que punto es eso algo negativo.

    Nunca salgo de casa sin mi cámara, y menos si mi destino es un lugar aún desconocido para mí (un viaje a un país que no he visitado todavía, por ejemplo).

    No es la primera vez que alguien me dice que disparando fotos no disfruto igual de los momentos, que debería mirar menos a través de mi objetivo y más a través de mis ojos. Y yo siempre me pregunto por qué esas personas creen saber qué es lo que a mí me hace más o menos feliz. A lo mejor no se han parado a pensar que, para mí, interponer mi cámara entre mi mirada y aquello que veo… no sólo no me hace disfrutar menos, sino que me hace disfrutar dos veces: viviendo, y fotografiando. Dos pasiones, a mi modo de ver, totalmente compatibles.

  20. meritxell dice:

    Yo siempre he tenido la NECESIDAD de fotografiar para poder después enseñar a los demás mis vivencias, mi punto de vista de un suceso, mis emociones… pero ahora, la fotografía se utiliza como una forma de exhibicionismo incontrolado, de hecho, no creo que muchos de los practicantes hayan reflexionado sobre su autodestrucción de la intimidad…
    Me gustaría recomendaros el libro de Kiku Adatto, recientemente publicado por Qualea editorial, “Imagen perfecta”, que trata este tipo de temas.
    http://www.qualeaeditorial.com/tabid/79/ProductID/17/Default.aspx

  21. Tomás dice:

    He descubierto tu blog esta misma noche navegando por menéame y he acabado por zambullirme entre sus páginas.
    No todo es reducible a una imagen y menos las personas que somos un conjunto de vivencias, experiencias, emociones y razones.
    La linea entre público y privado comenzó a desmoronarse el día que la televisión se instauró en la comunión familiar, las comida, ese momento sagrado en el que la familia se reunía tras la jornada escolar o laboral, la comunicación privada desapareció y nos abrimos al “mundo”.
    Reconozco que muchos de nosotros somos hijos de los contenidos televisivos y no de nuestros padres… por lo que es normal que nos fascinen las pantallas.

    Lo público ha invadido lo privado, sin criterio en lo privado acabamos a merced de lo público, comprando vidas y no eligiéndolas, viviendo el circo social.

    Este monólogo lo hice hace poco para una asignatura de clase. http://www.youtube.com/watch?v=lKWRv4EaeiE

    Salto a la esfera pública tras este comentario.
    Ánimo con este proyecto, es genial.
    Un saludo.

  22. Tomás dice:

    P.D , el monólogo toca asuntos tratados en el post.

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