Francesca Woodman, que estás en los cielos

Untitled, Boulder, Colorado, 1972-75
Untitled, Boulder, Colorado, 1972-75

Un día Francesca decidió lanzarse por la ventana y realizar con ello su última fotografía. Tenía 23 años y eso es lo primero que el público aprende y repite como una letanía cuando se habla de su obra y, de forma especial, cuando se contempla. Y es un grave error. Nada en este caso, como en otros, resulta extraño. Ella es una fotógrafa que también es famosa en parte por su prematura desaparición, pero quienes buscan desolación entre sus imágenes se quedan perplejos, mientras quienes experimentan con su obra cierta alegría no saben qué cara poner. Los 800 negativos que componen el legado de Francesca Woodman, guardados y administrados con celo por sus padres, han de componer un círculo de bellas imperfecciones que algún día será desvelado.

Una exposición inaugurada el pasado día 8 de septiembre (hasta el 17 de octubre) en La Fábrica Galería muestra algunas de sus obras al público de Madrid, aunque el Espacio Artes Visuales de la Comunidad de Murcia ya le dedicó a principios de año una cuidada y extensa exposición, con más de un centenar de fotografías de las que una veintena eran inéditas. En cualquier caso, ver obras de Francesca Woodman no es tarea fácil y merece la pena hacerlo.

Sólo algunas de las imágenes de esta artista, en torno a 120 de ellas, han sido expuestas o publicadas, andan por el circuito del arte y es difícil saber más, aunque intuimos lo suficiente. Bien miradas, sus fotografías son un despropósito para los gurús de los proyectos y de los soportes. Piezas mínimas en cuanto a tamaño, extremadamente complejas de ver en el bullicio o en el silencio de una sala iluminada para otros fines; de hecho, ella siempre consideró que era el libro el vehículo más adecuado para contemplar su trabajo.

Creó varios de ellos aunque sólo se publicó, el año de su muerte, el que lleva por título ‘Algunas desordenadas geometrías internas’, una joya de coleccionista, un libro de artista que es una intervención sobre un manual avanzado para estudiantes italianos titulado ‘Esercizi Graduati di Geometria’. En este interesante trabajo de Alison Dunhill se explica cómo está construido y, más allá de esa información, se puede obtener una idea del ‘tono’ de las inquietudes de Francesca.

Contemplar sus imágenes, aunque sólo sean quince (todo en ella sigue el parámetro de lo breve), es una experiencia que se recuerda porque la imaginería de esta suicida precoz —ya de niña fantaseaba con un final rápido— es poderosa y elocuente; todo le fue dado con velocidad y en ese talento para la exploración de su identidad, de sus cambios, de su cuerpo y de su sexo fueron ardiendo de forma natural los años de su existencia. Por eso, paradójicamente, sus fotografías no hablan de la muerte sino de la misma naturaleza de la vida. En ellas no aparece la percepción de la mujer asustada sino la de la criatura curiosa.

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