La Difficulté d´être

Los artistas parecemos obligados a elaborar teorías sobre nosotros mismos. Hasta tal punto que no son pocos quienes acaban devorados por la palabrería, ocultos bajo una montaña de ideas prestadas que intentan parecer originales o complejas, según lo que se pretenda vender. Hubo un tiempo en el que leí todo lo que pude respecto a la fotografía, siguiendo mi patrón para estos casos, muy similar a los rituales de apareamiento aunque exento de ornatos. Cayeron entre mis manos ejemplares de todo tipo, desde aquellos manuales tan útiles con los que aprendías a montar tu laboratorio en un cuarto de baño hasta sesudos ensayos sobre los poderes de la representación de las imágenes, pasando por las impagables opiniones del experto de turno que había probado tal óptica o cual papel baritado.
No creo haber retenido demasiada información, salvo la que leí en las imágenes que dejaron huella en mi alma y sobre las que poco o nada puedo decir dado que la palabra y la fotografía son magnitudes complementarias, pero no equivalentes. Se trata de lenguajes distintos.
Ver y disparar. Es la única teoría que me permito.
Y releer a los que siempre leí. Al viejo Jean Cocteau en la plenitud de su ocaso.

Tener dotes es perderse si no se ven las cosas claras con tiempo suficiente para enderezar las cuestas y no bajarlas todas.

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