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Blanco y negro / Blog / Retratos

Luis Rojas Marcos

- 17 noviembre, 2012

Luis Rojas Marcos tiene el aspecto tranquilo de quien está habituado a escuchar, el lenguaje corporal de quien está en equilibrio. Comunica algo infrecuente, una soberanía sobre su propio espacio y también un sagrado, amable, respeto al espacio del otro. Ni siquiera parece de este tiempo. Podría haber sido perfectamente un monje cinco siglos atrás. O un personaje de Richard Yates.

Tiene varias palabras favoritas: sueño, resiliencia, valores, empatía, memoria. Suele anclarlas a la conversación casi sin darse cuenta, aunque seguramente todo en él sea deliberado, un pequeño troquel en la filigrana. Es muy posible que esto forme parte de la delicadeza con que ha decidido tratar a todos cuantos se encuentra. Resulta obvio que la naturaleza humana le fascina, y en cierto sentido, su presencia es perturbadora, porque hemos perdido la costumbre de escuchar y ser escuchados, la costumbre de la pausa, de pensar antes de hablar, de dejar que el silencio se vuelva el lienzo para el sonido. Tengo una amiga que cree, más allá de cualquier duda, que vivimos la historia de nuestros antepasados. Pienso en ello y no me resulta difícil verle deslizando, como su abuelo, monedas bajo la ebria almohada de los indigentes de Nueva York.

Dice que la felicidad es una potencia, un talento oculto en todos. Y que conviene tener un perro. En este tiempo en el que a la luz hay que hacerle el boca a boca, su convicción procura alivio. Lo que no nos dice es que requiere su sentido de la esperanza y de la disciplina pulir ese diamante. Los tres y seis grados de separación demuestran que las actitudes son contagiosas. Terminamos siendo como los que nos rodean a diario. Si están gordos, engordamos. Si son amables, nos hacemos amables. Si son felices, terminamos siéndolo. En algún momento le hablo de la isla de Ikaria.

Vuelvo al concepto del discurso lento y rítmico que me impactó en Katzenbach. Es la segunda vez en un mes que retrato a gente que habla así. Acaban metiéndose en tu cabeza, acaban sincronizándote. A poco que te descuidas, sientes que les conoces de toda la vida. En el caso de Rojas Marcos, siento que la consecuencia de pasar tiempo a su lado sería una cierta hondura de campo, una perspectiva privilegiada para la contemplación del dolor, la alegría y el amor humanos. Estados mentales que nadie conoce mejor que él.

Luis Rojas-Marcos, psiquiatra, investigador y profesor

Luis Rojas Marcos, psiquiatra, investigador y profesor

2 responses

  1. Jesús Morcillo Franch dice:

    Dejar que el silencio se vuelva lienzo para el sonido…. Si Lorca levantará la cabeza, te daría un abrazo, amigo.

    1. txema dice:

      Muchas gracias por tus comentarios, Jesús.

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