© 2008 Txema Rodríguez

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Mecanismo

- 3 agosto, 2008

No es nada nuevo esto de ver a diputados y senadores sentados en una mesa ante un aburrido grupo de periodistas, que son siempre los mismos o parecidos, que hacen como que les interesa el asunto y a veces ya ni eso, y a los que intentan explicar que trabajan mucho para salvar a la galaxia de futuras invasiones. Han de justificar el sueldo y las dietas, se ve. Porque ya me dirán lo que pintan en el Congreso y en Senado los de Castellón. Lo mismo que los de Soria o los de Albacete, dicho sea con el mayor de los respetos para todos los vecinos de Zamora.
Hace mucho que eso que llaman democracia quedó reducido a un mero formalismo. De hecho lo es, y los que calientan los bancos por aquellos lares no dejan de ser parte de los que el señorito de turno quiere tener mantenidos a costa del erario público. Porque, a las pruebas me remito y no me hagan dar nombres, no hace falta ser un lince para ocupar un escaño. En realidad basta con tener culo, que es la condición por antonomasia. También con saber leer y escribir, porque se han de formular muchas preguntas al ministro que te haya tocado en la porra de comisiones, puedes inquirir cómo van las obras del kilómetro tres y pico de la carretera comarcal que une tu pueblo con el de tu primo, o porqué el Gobierno no destina dinero al cultivo de las setas favoritas de tu tía (conocidas por su valores y fundamentales que sostener el turismo en una comarca de dos habitantes). Por preguntar, puedes preguntar lo que salga de la susodicha parte (iba de decir de los huevos, pero desde que hay ministra de igualdades me da reparo).
Luego, y esta parte es importante, tienes que recopilar las respuestas, que te sirven para poner a parir a los que mandan o para alabar su maravillosa labor, según seas de un bando u otro. Por eso, si gobiernan los tuyos no está mal visto que les preguntes chorradas para quedar bien; y si estás en la oposición que las hagas a mala leche, a ver si pillas al ministro en un renuncio y te ganas un titular a una columna en un periódico que sólo lee tu familia. Con esos papeles basta. Después ya vienen los periodistas y rematan la faena. Que son muy majos.

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