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  • […] en un solar polvoriento, entre maderas, basura, bolsas y miseria. Ya me reciben con una sonrisa. En especial Vasile. No habla casi nada de castellano ni de otra lengua que no sea el rumano, pero no…. Desde el primer día, en el que me empeñé en estrechar su mano sucia como señal de respeto, nos […]

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