Pienso en el papel

Pienso en el papel. En que lo mismo le quedan un par de telediarios a esa pasta de celulosa convertida en hoja más o menos blanca que tanto placer nos proporciona como lectores, aunque sea como intermediaria, y tantos sinsabores como juntaletras de mayor o menor éxito editorial. Cada día conozco a más gente que se apunta al fin del mundo escrito sobre papel. Aunque es cierto que llevo muchos años metidos en eso que llaman “tecnologías de la información”, metáfora ampulosa donde las haya, y en este mundillo hay muchos interesados en recoger astillas de otros árboles. Gente, como la de los medios impresos, igual de interesante o de imbécil. Según se mire.
Ocurre en la red lo mismo que en el mundo real. Esta es la primera enseñanza que se ha de tener en cuenta. Porque un cable de fibra óptica no nos convierte en más guapos ni alarga el tamaño de nuestros penes. Hay quien cree que si y, después de cientos de intentos por alcanzar el estrellato mundial, se da cuenta de que sigue siendo un perfecto desconocido. Incluso para si mismo. Como siempre, me deslizo hacia otros terrenos.
Les decía algo sobre la desaparición del papel. Dicho con precaución. Lo mismo ocurrió con el papiro o con las piedras talladas a mano. Escribir, desde los primitivos garabatos hasta los moderno garabatos, siempre ha sido una opción para la que han existido medios de todo tipo. Desde la propia sangre de la víctima agonizante que delata la identidad del asesino hasta los aparatos que transforman la presión sobre una tecla en un signo cuya existencia física es un código binario almacenado en un disco duro. Al final va a ser todo cuestión de hábitos. Habrá que sentarse al solecito de la terraza sin papeles bajo el brazo.
Siento pena por mis miles de lectores dominicales, que siguiendo las previsiones más pesimistas (a las que sólo hay que hacer caso a toro pasado) se verán privados de éste  y de todos los periódicos, sumidos en la tristeza de los folletos de propaganda como única fuente de información impresa. Y qué le vamos a hacer. Es lo que hay.

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