Retorno

Pasan los años. Está mal visto comenzar una frase aludiendo al tiempo. Parece una cita negativa. Oculta esa estúpida negación de la muerte en que vive el mundo occidental, escamoteando las heridas, las arrugas, los dolores. Y también, lo más importante, las certezas de la edad, el conocimiento, la perspectiva. Con el giro de las agujas, con el imperceptible ritmo de un chip impulsado por una pila, con el sonido de unas campanas, caminamos hacia nuestros miedos de un modo inexorable. Sentimos que cada vez queda menos. Como un torero que mira la puerta de los chiqueros pasadas las cinco de la tarde.

Dreams factory, 2005
Dreams factory, 2005

Las imágenes tienen el poder de devolvernos al pasado. Es uno de sus grandes atractivos. También, este resulta menos conocido por el gran público, de anticiparnos el futuro. En ocasiones de una forma nítida, en otras de un modo impreciso y complejo de explicar. Por lo general volvemos a ellas para intentar comprender nuestra ceguera, tratando de hallar un matiz que se nos escapó, una mirada que no vimos, un detalle de nuestra investigación que pasó desapercibido en un primer momento. Queremos hallar en el rostro de nuestros padres, hermanos, novios o amigos los sueños que nos negamos cada día. Y preferimos eludir la cita (aunque en el fondo ejerce sobre nuestros corazones un atractivo irresistible) procurando no hablar del transcurso del tiempo.

Revisited
Dreams factory (revisited) 2009

Volver a un lugar con la cámara resulta ser un ejercicio interesante. El juego de lo que aparentemente cambia y de lo que parece seguir igual. La niña ya no lo es, junto al árbol que sigue siendo viejo y grande. Son dos velocidades distintas. Él seguirá cuando nosotros nos hayamos ido, por eso no está sujeto a modificaciones perceptibles en solo unos años. Lo que para nosotros es mucho apenas tiene significado en sus cuentas. Algunas hojas más. Algunas menos. Depende del viento y la estación.

Sus temores tienen que ver con el movimiento brusco y los míos con la dureza de las raíces. En el fondo, este árbol al que un día he de poner un nombre y yo nos parecemos bastante. Ni su madera engorda tan despacio ni mi sangre fluye con tanta rapidez.

3 comentarios en “Retorno

  1. No es muy habitual que un fotógrafo escriba con esta sensibilidad, la mayor parte de los que conozco y desde mi punto de vista, como consumidor compulsivo de fotografías, demuestran tener un lado sensible lo utilizan para plasmarlo en un negativo o en un ccd. Esta estructura fotografía-texto, texto-fotografía es un regalo cuando está hecha de esta manera!
    Salud compañero.

  2. Y hay, dentro del árbol, otro árbol secreto.
    Y dentro del paisaje, otro paisaje secreto.
    Algo no lineal, que lo cambia todo mientras espera el perfecto instante en que dos cargueros se cruzan en la noche.
    Todos los que fuimos, todos los que fueron los que amamos, todos acuden en eternidad a la misma ceremonia.

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