Seis encuentros

Textos e imágenes publicados en la edición del papel del diario SUR de Málaga durante la pasada Semana Santa.

UN BESO

Un beso organiza el caos, crea un espacio en el que todo lo demás permanece suspendido, inmóvil. También provoca un silencio, incluso en los lugares más bulliciosos, una explosión subterránea que anula los sentidos. La iglesia está llena hasta ese punto en el que los cuerpos no podrían caer. A unos cincuenta metros todas las cámaras persiguen cualquier gesto insignificante de Antonio y Nicole. Nadie repara en esta pareja tan elegante, de hermosos uniformes rojos, lista para el desfile, para ocupar el sitio en la formación e interpretar una larga lista de bellas partituras. Nadie se fija en los muchachos de la banda y en su tierna despedida, cuando él aparta su tambor para acoger su cuerpo y detener el tiempo.

EL DOLOR

¡Ya no hay dolor, solo sufrimiento!. Eso grita el capataz cuando el trono enfila la calle Carrión y los hombres se doblan bajo el crujido de esa tremenda estructura de aluminio y carne. Los cuerpos se pegan y pierden el paso rítmico al tomar la curva y afrontar la cuesta. Ahora importa resistir, llegar con María del Gran Perdón hasta San Millán. Existen pocas emociones comparables a las del esfuerzo colectivo, tan materiales y tangibles. Tan útiles para explicar la naturaleza de un pueblo como difíciles de detener en una sola imagen. Porque en este momento, lejos de la luz de los grandes acontecimientos, solo vale apoyar la cabeza en la espalda de tu compañero y sentir ese sufrimiento.

UN PÍXEL

Nuestros antepasados creían que la luz era la visión de Dios y el ojo, según el evangelista Mateo, “la luz del cuerpo”. Ignoro qué dirían en estos tiempos de miradas electrónicas, de visiones diferidas y exhibicionistas donde la paradójica precisión de los teléfonos móviles transforma lo profundo en superficial mientras sustituye nuestra retina por un sensor. Eso que ahora parecemos estar viendo es solo una ilusión turística, una prueba de que estamos en un lugar concreto a una hora determinada, un registro maquinal almacenado en un aparato junto a otros miles de archivos con los que aspiramos a revivir lo que no hemos vivido y a volver a ver sin haber visto. Somos ciegos creyendo que un píxel tiene alma.

CERA

Una de los valiosos hallazgos de la infancia consiste en actuar de forma natural, ajeno a las miradas y pensamientos de los demás. Esa inocencia que perdemos en las casas y en las aulas bajo la supervisión de adultos que nos colocan un corsé. Eso que llaman educación y buenos modales. Los niños comparten con los minusválidos, discapacitados y todo tipo de enfermos cuyas dolencias les apartan de “lo normal” el valioso don de romper las barreras, de ver más allá y ser compasivos sin darse golpes en el pecho. Eso que predican con palabras los demás. Y eso significa esa pequeña bola. Y esa mano que ofrece la cera del cirio. Que todos estamos hechos de lo mismo.

La luz

LA LUZ

Pienso mucho en la luz y en su naturaleza, en qué será eso cuya presencia revela todo cuanto existe sin mostrarse a si misma. Creímos primero en una manifestación divina y después le dimos una dimensión material para llegar a la conclusión intuitiva de que es algo que escapa a nuestro entendimiento. Apenas alcanzamos a suponer que, como escribió el poeta y asceta Francis Thompson, hace que no se pueda mover una flor sin perturbar a una estrella. A Pablo, el monaguillo que agita el incensario y cuyo perfil se convierte en una sutil línea envuelta en humo, todo esto le sonaría raro, como al resto de los humanos, que no sabemos ver la luz y solo la reconocemos en nuestras sombras.

Jaspe

JASPE

La música precisa de espacios sin sonido (si tocamos eternamente la misma nota no transmitimos nada) y las palabras piden líneas en blanco para tener un significado. Desconozco cuales son las condiciones que impone la fotografía para ser percibida con nitidez. Aunque hace años leí sobre un genio, Thomas Young, que a los dos años ya sabía leer, llegó a dominar decenas de idiomas, fue doctor en medicina y contribuyó a descifrar la piedra de Rosetta. Aunque lo que me llamó la atención fue una de sus teorías, en la que explica que si añades más luz a la luz provocas oscuridad. Y la considero una gran enseñanza. La del silencio y el espacio. La del brillo de una tela jaspeada.

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