Vis-à-vis {apuntes}

el mundo real (no el mundo en que vivimos) empieza, ocurre y termina ahora mismo, donde están conmigo y por eso son libres, donde están a cero y por eso aún no han cometido ningún crimen, donde están ahora y por eso aún pueden ser lo que quieran ser

Antes de comenzar, hace meses, mientras daba vueltas a qué hacer y cómo, intentaba poner rostros a este grupo de personas cuyas caras desconocía. También su número permanecía oculto, al igual que su sexo, su condición social o la naturaleza de su delito. Fue premeditado.

Retrato de Esteban
Retrato de Esteban

Un día te destrozan la cara, te insultan o te humillan. Es todo a la vez, difícil de precisar en una línea. Un funcionario amargado, una familia, unos amigos. Estar enfermo, estar a punto de morir, al borde del fin, en el límite. Entre las paredes viejas, repletas de manchas, de basura. Al otro lado de las verjas verdes que te impiden ver el horizonte.
Un día entras y piensas que ya no vas a salir nunca más. Que ya no hay vida, que nunca la hubo. Y comienzas a buscar consuelo en las excusas. Resulta difícil saber qué hay de verdad y qué de mentira. Estar en este lugar, permanecer en él es un imán para las desgracias. La soledad de la celda. La cabeza dando vueltas. Una y otra vez, sobre aquel momento concreto que cambió la vida, aquella llamada, disparo, conversación, golpe o traición.

Maite y Juan
Maite y Juan

En estos meses junto a ellos he intentado {no hablo en pasado, intento} hallar el nexo entre sus vidas y la mía. Comprender cual era mi misión. Siendo uno más o intentándolo al menos. Trabajar dentro de una prisión no resulta sencillo. Una prisión es una máquina diseñada para destruir y cumple su tarea con eficacia, con una precisión que escapa el tiempo, que lo invierte y lo transforma en tu fantasma. Decidí cruzar la línea de forma consciente y hablarles de la pasión más que de los megapíxeles, de la mirada más que del objetivo. Un episodio puntual de violencia verbal con un funcionario me hizo ver que la cámara de fotos es un símbolo de libertad. Que ellos, con los equipos que les he llevado, en las horas que pasamos juntos, logran traspasar los tristes muros.

Pedro fotografiando a Ludovic
Pedro fotografiando a Ludovic

Cuando hablo de este trabajo en la calle (procuro que no sea demasiado) experimento una sensación extraña. La separación entre los dos mundos ya no existe en mi interior. No he de realizar esfuerzo por imaginar cómo se llega, se entra o se vive en una cárcel. Te das cuenta, por cómo te mira tu interlocutor, por el tipo de preguntas que hace, de hasta qué punto hemos construido un imaginario al respecto. Aunque mi situación carece de mérito, dado que puedo salir en cualquier momento y no volver nunca más (al menos, eso creo). De modo que intento ponerme en la situación en la que se encuentran ellos. Nuestra sociedad resulta ser experta en linchamientos, en juicios que no precisan de juez. Basta con pasar por aquí para darse cuenta de lo complejo que ha de resultar limpiar los estigmas, es un trabajo de héroes maduros; no de muchachos inexpertos.

Y otra cosa sorprendente {tal vez no tanto} es que las normas pervertidas del exterior llegan al fondo de estos muros como un eco agónico e irrelevante. En el interior unas nuevas reglas borran las anteriores y fuera puedes ser repugnante, lo que importa es que dentro te transformes en un servidor útil para el establishment que gobierna la casa.

Figura del futbolín
Figura del futbolín

No soy un iluso. No creo que lo sea. La mayoría de ellos están aquí por algo que han hecho y sobre lo que tuvieron elección. Pudieron decidir y asumieron un riesgo. No me importan los delitos {aunque entiendo que despierten curiosidad, en especial si han ocasionado muertes} porque no soy juez ni he venido a juzgar. Si aceptamos la basura del sistema para lo malo también hemos de estar conformes con sus valores en lo bueno. Muchos de ellos no estarían aquí si hubieran tenido unos padres cariñosos y una infancia cómoda, si no hubieran ido acumulando pequeños errores hasta construir una desgracia. No resulta fácil hablar de lo real en estas circunstancias, a personas cuya percepción del entorno se halla alterada por el cautiverio y el consumo más o menos habitual de drogas {si, resulta fascinante esta vuelta de tuerca del modelo que tolera como sedante, por conveniencia, lo mismo que considera prohibido por norma}, pero intento que comprendan mi punto de vista.

Les hablo del amor porque tiene mucho que ver con sus carencias y también con la fotografía. Intento que comprendan que la realidad se construye con nuestra mirada, que han de ser vistos y han de ver como seres hermosos y admirables. No resulta fácil (ni fuera, ni dentro) explicar este tipo de cosas. En ocasiones me siento muy valiente por ser capaz de expresarme en estos términos sin que me tiemble la voz. Me sorpende que sigan atentos mi discurso mientras noto mis músculos se ponen en tensión por el esfuerzo. Apenas me refiero a las cámaras. A ellos, como a mi, apenas les interesan si no las tienen entre las manos y cuando esto ocurre no atienden a ninguna palabra porque solo desean apretar el disparador.

Miguel
Miguel

Pienso en el precio que he de pagar por este don. El de ver más allá de los ojos, donde los demás no llegan y se atascan, en las profundidades del alma ajena, en esos lugares oscuros y repletos de dolor que me muestra el objetivo con una nitidez sorprendente, como si no hubiera barrera alguna que pudiera interponerse entre los demás y yo. Confío en no volverme loco un buen día, en mantener el equilibrio delicado que hace posible la felicidad en medio de tanto miedo. No me siento mal por esta razón {sé que otros lo hacen y no saben cómo administrar ese sentimiento}, tampoco sé muy bien cómo exponer con nitidez esta circunstancia. Tiene que ver de algún modo con la capacidad de compasión y la anulación del ego, con la fe y con la luz. Suena todo muy espiritual, pero resulta que lo es. En realidad los viejos temores sobre la fotografía y el robo del alma tienen un fundamento muy serio. Desde hace tiempo tengo por cierto que retratar a alguien es una manera muy certera de conocerlo, incluso más allá de lo que estaría dispuesto a llegar en una relación normal.

Karim y la pelota
Karim y la pelota

Tengo miedo a perderlos. A no ser capaz de navegar en estas aguas de apariencias, a perder el control mientras acaricio la cabeza del guardián con la mano porque necesito de su permiso para traspasar los alambres de espino. Unos guardan a los otros.

Aunque me quedo con lo hermoso, en realidad. Con ese flujo invisible que nos une y me los muestra sin adulterar. Un día les expliqué lo que pretendía. Dentro de unos meses, mis retratos y los suyos (una selección de imagenes realizadas por ellos) se mostrarán en una exposición y, entonces, si he logrado hacer bien mi trabajo, si me he esforzado lo suficiente, serán libres entre aquellas nuevas paredes {tambien frías} sobre las que colgarán sus rostros, a la vista de todo aquel que se quiera acercar. A los ojos de sus padres, hermanos, novias, hijos y amigos; al alcance de quienes nunca pudieron verlos tal y como son sin prejuzgar, sin odiar.

la primera decisión, en algún momento que ya no recuerdo con precisión, fue la de privar sus rostros de un contexto. no mostrar rejas, alambradas {o hacerlo lo menos posible}, no decir qué son estas personas, ni dónde están, ni a causa de qué circunstancia. no se trata de ocultar sino de evitar el prejucio en el primer momento. después, a la hora de afrontar la verdad cada espectador habrá de hacerlo según su parecer y disponiendo de la información necesaria. aunque con toda seguridad se dará cuenta de que no había adivinado la presunta maldad solo con ver el retrato y lo habría hecho son la información antes de verlo

Jesús y Adrián
Jesús y Adrián

Pienso en cómo serían antes sus rostros, sus expresiones, sus arrugas, sus dientes, su cabello, su piel. Intento leer en la superficie lo que se escribe en el interior. Es complejo. Si te acercas demasiado te quemas y si no lo haces no ves.

Y, al final, me detengo en el último momento. En una despedida que ha de ocurrir y sobre la que no deseo reflexionar. Vienen a mi mente las palabras escritas por Jabès en el diario de Sara:

Miro largo rato a los seres, las cosas, antes de verlos;
después me acostumbro a su presencia
y desaparecen sin hacer ruido.

Las letras escritas en cualquier lugar que recuerde y que me ayuden a afrontar la separación. {De alguna manera soy consciente de esta ilusión, sé que no existe en estos términos sino en otros más profundos, en una dimensión en la que cercanía y distancia integran la misma unidad}. Es decir, que ya no soy yo y ellos, sino que somos. De manera que no podemos dejar de ser sino partes de un todo. {In the landscape of extinction, precision is next to godliness}.

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