Víspera de desahucio

Gema y Jaime viven en una casa sin lujos en Real, un pequeño pueblo cerca de Valencia. En realidad es un hogar levantado a duras penas sobre un suelo rústico (eso significa que no hay luz y el agua no es potable) en lo que un día comenzó siendo una caseta de aperos para acabar, en plena fiebre del ladrillo, como propiedad digna de ser vendida como residencia. Gema y Jaime, su hija, cuatro gatos, tres perros y unas cuantas gallinas no tienen para pagar la hipoteca y esa vivienda que un día aspiró al lujo y hoy se conforma con ser habitable ha sido subastada. «No teníamos grandes pretensiones. Era lo único decente que nos podíamos permitir», explica Jaime.








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