© 2007 Txema Rodríguez

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Nubes

- 13 mayo, 2007

En el primer caso, no pensaba en otra cosa. Saltaba cada mañana de la cama con la esperanza de recibir algo, lo que fuera, aunque se tratara de la mínima expresión de un saludo. Estaba entregado y se dedicaba a la observación compulsiva, a la obsesionante idea de estar a su lado, como en un sueño. Como en esa nube a la que hacen referencia los tópicos sobre el amor. En algún lugar del camino perdió la capacidad de verse como alguien que mereciera ser querido, en un punto determinado dejó enterrados su orgullo y su dignidad. Algo extraño, en alguien que fue un niño brillante. Tal vez en exceso. Siempre el primero, el más listo, el más guapo. El perfecto.

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